Presentation from National Latino Clergy Gather, SSW, Austin Texas
Introducción: El tema principal y las conversaciones
Hoy tengo por tema para hablarles, el Reto que Confronta el Anglicanismo: la diversidad Ʃtnica dentro un cultura diversa.
[1]El tema que he elegido, es resultado de conversaciones que mantuve con el canónigo Jaime Case, nuestros clĆ©rigos Latinos (cada uno tiene ideas muy diferentes), libros y conferencias, y especĆficamente; de mi experiencia con el ministerio y la cultura Latina.
Consiste simplemente, en los pensamientos que tengo en este momento; son pensamientos que estÔn creciendo y cambiando, en parte porque soy un obispo nuevo; pero también, estÔn cambiando porque según yo creo, la iglesia también estÔ cambiando.
En este tiempo, hay muchas conversaciones, muchas ideas dentro y fuera de la iglesia, que son importantes tenerlas en cuenta y reconocerlas, para seguir adelante en nuestra charla.
Algunas de esas ideas o temas de conversación son:
La idea del racismo
Esta idea que los blancos Europeos establecieron, estĆ” desapareciendo. Ahora, hay muchas culturas, muchas etnias, muchas razas. Los blancos, los que todavĆa tienen el poder, continuamente tratan de entender las prĆ”cticas de racismo, con una multitud de gente nueva, con muchos trasfondos y antecedentes diferentes.
Para el parroquiano, no es una conversación fÔcil de abordar, y tampoco es fÔcil de entender.
También, se estÔ hablando sobre los temas de la colonización de las naciones latinas por España, la colonización de las culturas por los estados unidos, y también se estÔ hablando mucho sobre la colonización de la iglesia Anglicana. Este dato histórico, estÔ estrechamente ligado con el desarrollo de las ideas racistas a través de los siglos desde 1492 (mil cuatro cientos noventa y dos).
Dentro de la comunidad latinoamericana, hay un punto de vista, una visión diferente, que dice que el mestizaje de MĆ©xico es un don de Dios, que creó una comunidad especial, “La Raza.” Otro Ć”ngulo del mismo tema, estĆ” seƱalando que hay un nuevo mestizaje, aquĆ, en los Estados Unidos, y estamos en el curso de la creación de una nueva raza con mĆ”s poder, con mĆ”s fuerza y de nĆŗmeros mayores.
Para otros, que no comparten la visión de la lucha de poder o de clases; hay otra idea que dice que la gente necesita proteger sus tradiciones y su cultura; y que el mestizaje es peligroso, si es entendido como algo que destruye las caracterĆsticas que hacen diferentes a cada cultura.
Estos temas son una realidad, cuando la gente en nuestras iglesias, discute si la liturgia, deben hacerse en espaƱol o ingles, o en espaƱol e ingles. Si hablamos de planteos de nuevas iglesias, vamos a tener iglesias que tienen orientación a los latinos de una clase o una orientación a los latinos de un paĆs en particular, o simplemente, a los jóvenes.
TambiĆ©n se habla dentro de la iglesia, con respecto a la idea de multiculturalismo. ¿Vamos a tener una iglesia sin diferencias Ć©tnicas, solamente con colores diferentes, pero todo en inglĆ©s con todo el poder en manos de la misma clase de anglosajones que ahora tienen el poder y la voz? O por otro lado, ¿vamos a tener iglesias separadas por clase, cultura o lenguas?
En este momento, tambiĆ©n, hay conversaciones polĆticas en nuestros paĆses, y especialmente aquĆ en Estados Unidos que nos afectan de dos maneras fundamentales:
1) como los anglosajones van a ser justos con las razas y etnias que estÔn ahora dentro de la iglesia, y como se va a emprender esa misión; y
2) como las culturas inmigrantes o minoritarias, se van a hacer cargo del liderazgo y el poder dentro de la comunidad para ayudar a la iglesia, y de esa manera, lograr los cambios que son necesarios para su propio bienestar.
Estas conversaciones son: la emigración, la migración, y el sistema de salud.
Yo, voy a abordar cada uno de estos temas durante nuestro tiempo juntos. Probablemente, el caso sobre cual vamos a hablar tendrĆ” su resolución final dentro de muchos aƱos en el futuro… tal vez cuando venga el reino de Dios.
Pero creo que tenemos, ahora, en este momento, la posibilidad de aprovechar una oportunidad: la oportunidad de construir una parte de ese reino de Dios.
Anglicanismo: una teologĆa colonial
No es una sorpresa que el Anglicanismo sea una teologĆa colonial, porque es una iglesia global, que empezó con las practicas de colonización BritĆ”nica.
Como con los temas del rey Enrique – Henry - (los temas de divorcio, polĆticas, y riquezas), no nos conviene hablar de la colonización de paĆses en que fueron difundidas las prĆ”cticas y creencias de su compaƱera la iglesia Anglicana…En parte, por que hay beneficios por parte de esa misma colonización y el Anglicanismo; beneficios personales y teológicos.
Somos beneficiarios de esa prÔctica de colonización. Todos nosotros, somos herederos de esa prÔctica del Anglicanismo. Tenemos hoy nuestras iglesias Episcopales y anglicanas en función a ella. También nuestros hijos son beneficiarios, los miembros de nuestras iglesias, y aquellos que son el destino de nuestra caridad. Tenemos una iglesia a la que amamos. Tenemos una liturgia, música, tradiciones, oraciones, a las que queremos mucho.
Como herederos, tambiĆ©n nos enfrentamos hoy, a una iglesia global que tiene una gran diversidad. Una diversidad universal – ¡católica! Relacionado a esto, tenemos una visión del reino de dios. Hay muchas lenguas, muchas tradiciones, y muchos libros de oración que son ejemplos de nuestra diversidad. TambiĆ©n tenemos muchas ideas diferentes, acerca de cuales son las caracterĆsticas mĆ”s importantes para nuestra iglesia global y para la iglesia local.
Por otro lado, gracias a colonización, heredamos la idea de que la misión, es central en el trabajo de la iglesia. Esta idea acentúa la idea de la gran comisión en la Biblia, en el evangelio de Mateo.
Este trasfondo con todas sus complejidades es don de Dios. Podemos decir que Dios puede redimir los errores de la colonización, Dios cambia en el poder de su EspĆritu Santo a la iglesia global, que tiene riqueza de caracterĆsticas Ć©tnicas, riquezas teológicas, y una gran cantidad de prĆ”cticas litĆŗrgicas.
Es verdad, que cuando soy heredero de las posesiones de mis padres – por ejemplo -- no voy a guardar todo lo que he recibido. No quiero guardar los viejos zapatos de mi padre, aunque fueran botas marca Luchesse, si no son de mi talla y no puedo usarlas.
Sucede lo mismo, y es una gran verdad, sobre nuestra herencia anglicana. Yo creo que hay algunas ideas y tradiciones que no necesitamos guardar para nuestros hijos, para nuestras congregaciones.
Comencemos con la idea de la colonización. Hay partes de la colonización que son importantes, y son fĆ”ciles de entender cuando consideramos las ideas bĆ”sicas de la misma. Tradicionalmente, hay tres razones por las que un paĆs crea una colonia: los recursos naturales; la migración; y la defensa. Por ejemplo:
La primera razón, los recursos naturales, se entiende por el hecho de que una colonia para un paĆs, es una oportunidad de crecer en su economĆa, al adquirir recursos. TambiĆ©n crea nuevos mercados para el paĆs colonizador, para vender bienes en la nueva colonia. Las colonias son oportunidades para ampliar los beneficios de un gobierno.
Un paralelo negativo de ello en la iglesia, es que necesitamos tener mƔs iglesias para ganar mƔs dinero y mƔs miembros, por que nuestras iglesias no estƔn creciendo.
Es fĆ”cil de entender nuestra misión de manera simple en el vocabulario de la economĆa: necesitamos obtener mĆ”s recursos, no lo hacemos para tener la oportunidad de amar a mĆ”s personas, o de ser transformados por que estamos en una diĆ”logo mĆ”s grande. No tiene como fin, el servir a mĆ”s personas.
Otra razón por la que los paĆses colonizaban, era la necesidad de deportar grupos de personas (criminales, grupos religiosos o cultos, disidentes polĆticos, o etnias distintas).
El paralelo de ello en la iglesia es que no queremos tener diferentes representaciones dentro de nuestra iglesia, de esa manera vamos a tener iglesias separadas.
Este es, un caso de racismo y discriminación en nuestra iglesia. Hoy en dĆa, conocemos bien la historia de Absalom Jones y los esclavos, pero no hablamos de los trabajadores chinos, y tampoco de los inmigrantes latinoamericanos o de la historia de los indios (los Primeros Americanos); que no encontraron una iglesia que los aceptara y abrazara.
La tercera y Ćŗltima razón de que un determinado paĆs utilizara la colonización, era la guerra. Los paĆses europeos gastaban mucho dinero para defenderse. Entonces, necesitaban buscar riquezas en otros paĆses del mundo para llenar de grandes tesoros sus arcas, con destino a financiar guerras que llevaban adelante.
No tenemos guerras en la iglesia, pero creo que el paralelo es tan negativo como eso. Creo que tenemos interĆ©s en las iglesias Ć©tnicas si son iguales a nosotros en tradición, mĆŗsica, liturgia, y oración. Creo que las queremos si van a ser mĆ”s poderosos en el futuro, pero no estamos interesados en ellas, si eso va a costar mucho, si va a ser demasiado caro el precio que tendremos que pagar. Las queremos si esas iglesias Ć©tnicas van a proteger nuestro poder. Pero hay un problema con esto, si tenemos en mente que nuestro estado y nuestro paĆs, estĆ”n cambiando muy rĆ”pido. Y en el futuro, no voy a ser parte de la mayorĆa.
Y ademĆ”s, quiero reconocer que hay dos ideas teológicas mĆ”s, que son ejemplos del problema de la colonización, especĆficamente en nuestra iglesia. Hay dos ideas teológicas y Anglicanas que son raĆz en tema de la colonización.
La primera, es la mentira sobre que hay una sola tradición, una sola comunidad, y una sola prÔctica; y que, si las empleamos, vamos a mantener la unidad de la iglesia. En su libro Whose Justice? Whose Rationality?, Alasdair McIntyre escribió que las prÔcticas, la historia, y la fe de una comunidad nacen de una forma particular dentro de una comunidad, y que nadie puede reproducir el ambiente donde nació, sin el vocabulario adecuado de las prÔcticas, la historia, y la fe.
[2]El Anglicanismo es un buen ejemplo. Por siglos hemos mantenido que, por nacer con la colonización, todas las prĆ”cticas dentro de cada lugar o contexto, en cada paĆs de la colonización, deben de ser las mismas. Pero esto, no es verdad. Cuando los avances en el transporte y la tecnologĆa lograron hacer un mundo donde todos estamos mĆ”s cerca el uno del otro, descubrimos que sĆ, que todos somos Anglicanos; pero no tenemos las mismas prĆ”cticas y las mismas tradiciones.
Los anglicanos tenemos una tradición de ocupar un lugar en el contexto del paĆs que nos recibe. Y cuando la gente de un paĆs emigra, tĆpicamente existe la idea de que los reciĆ©n llegados necesitan adecuarse a la gente de la región. Seguramente, con una excepción, la de la conquista.
En otras palabras, los que tienen el poder dentro de un contexto, cuando hay personas nuevas (sean o no anglicanos), hacen que sea un requisito, que los nuevos cambien su tradición para integrarse.
Este es un ejemplo en donde vemos que la idea de una buena misión es la que depende del contexto; pero cuando enfrentamos cambios gigantescos en una comunidad, hay problemas, porque la iglesia local no puede adaptarse a los cambios. Es posible que la estructura de la institución pueda perder por el momento la misión.
Ahora, tenemos uno de estos momentos en la Iglesia Episcopal.
Las estructuras de la iglesia, los que tienen el poder y las autoridades, no estĆ”n preparados para los cambios que vienen, y esto, porque todavĆa no ha cambiado nuestra idea de una iglesia de colonización, y no podemos ver las acciones de Dios en nuestro presente.
En los aƱos venideros, vamos a experimentar un gran cambio y los anglosajones, van a ser una minorĆa dentro de nuestro paĆs. Existe la posibilidad, de que ningĆŗn grupo en particular tenga el 51% (cincuenta y uno por ciento) de la población, sino que vamos a vivir en una cultura verdaderamente mezclada, sin mayorĆas.
Pero creemos, y continuamos practicando la misión colonial, que demanda que la mayorĆa del futuro necesite integrarse y perder su identidad, en el proceso de someterse en el presente.
Se puede ver esto en la mala interpretación de las ideas de San Pablo sobre el cuerpo de Cristo. Tenemos un concepto en nuestra teologĆa, donde profesamos que la iglesia es el Cuerpo de Cristo. Tenemos muchos ejemplos donde podemos reconocer la realidad de este concepto espiritual.
Es verdad que somos partes del Cuerpo de Cristo. La Iglesia Católica es el cuerpo, una parte del mismo es la Comunión Anglicana, y partes de la comunión son las provincias, y unas partes de esas provincias son las diócesis, y parte de las diócesis son las iglesias y dentro de esas iglesias, estÔn nuestros miembros.
[3]Y podemos decir al mundo que no vamos a tener desconocidos dentro del Cuerpo de Cristo. La suposición es que todos son partes del mismo cuerpo. Pero nadie reconoce las preguntas y cuestiones que afectan esta idea teológica.
Llevamos adelante a nuestra misión, con la idea de que podemos existir en la misma Ć”rea geogrĆ”fica, pero al mismo tiempo, alabar en templos separados. De esta manera, evitamos hacer el trabajo mĆ”s difĆcil. ¿Cómo vamos a estar juntos cuando no tenemos las mismas ideas, no somos de la misma etnia, y no practicamos nuestra fe con la misma lengua, mĆŗsica, u oraciones?
La presión de este trabajo es muy dura, y en el pasado la iglesia y sus clĆ©rigos, no querĆan hacer este trabajo, entonces, su misión era una que dependĆa de la integración de la gente, y si no se integraban, decĆamos que podĆan buscar otra iglesia. Pero de esta manera, solamente vamos a tener iglesias que son, por ejemplo, iglesias con anglosajones por un lado e iglesias con latinos por el otro.
Pero Dios esta cambiando nuestro mundo. Y hay dos tipos de trabajo en nuestro camino, dos tipos de misión que necesitamos reconocer.
¿Es posible que los sordos puedan oĆr, que los mudos puedan hablar o que los ciegos recuperen la vista?
Este discurso me recuerda un pasaje en el leccionario, el Evangelio de San Marcos, que estamos leyendo ahora.
El problema con el leccionario es que no tenemos -- la comunidad no la tiene-- no tiene la oportunidad de leer el evangelio como un todo, como un historia. Leemos por partes, cada domingo.
Pero cuando damos un paso atrĆ”s, podemos ver la historia completa y como un todo, podemos ver que San Marcos esta identificando los eventos en una manera que puede ayudarnos con nuestros retos de estos dĆas.
Yo creo que el Evangelio de San Marcos tiene una visión que es posible para la iglesia de hoy. Pero si no aceptamos esta visión, dios quebrarÔ el bloque que hemos creado para descubrir soluciones para los problemas que estÔn presentÔndose dentro de la iglesia y la cultura.
Yo creo que esta Ć©poca para la iglesia lleva los mismos peligros y las mismas oportunidades que la iglesia experimentó durante la reforma. La iglesia no podĆa encontrar nuevas estructuras para lidear con nuevos acontecimientos sociales. El resultado fue la fractura de la iglesia y la proliferación de denominaciones que perdura hasta hoy.
Podemos ver que hay un camino marcado en el evangelio – en los planes de Dios, en el Reino de Dios, en la misión de Cristo JesĆŗs. Hay una camino, y es posible, como le sucedió a los judĆos contemporĆ”neos a JesĆŗs, que podamos fallar.
En los primeros capĆtulos, podemos ver que hay mucha gente que esta interesada en el ministerio de JesĆŗs, primero son los discĆpulos y despuĆ©s muchos otros judĆos se suman. Pero en los siguientes capĆtulos la gente tiene mĆ”s confrontaciones con JesĆŗs. SĆ, JesĆŗs puede hacer exorcismos y sanar a muchos, pero, se les hace mĆ”s difĆcil entender.
Los discĆpulos tienen, a medida que pasan los capĆtulos, mĆ”s y mĆ”s dificultad en entender lo que estĆ” sucediendo a su alrededor, no pueden entender la misión del reino de Dios, no entienden el secreto mesiĆ”nico.
En los Ćŗltimos capĆtulos del evangelio, podemos leer que los judĆos y los discĆpulos no pueden oĆr, no pueden ver, no pueden hablar de las cosas del Reino de Dios. Simplemente, no entienden que ha pasado.
En el capitulo final encontramos, ¡y parece imposible! ¡que los discĆpulos no hablan con nadie!
Dice la escritura: Temblorosas y desconcertadas, las mujeres salieron huyendo del sepulcro. No dijeron nada a nadie, porque tenĆan miedo.
Pero cuando leemos que estÔ sucediendo con los gentiles tenemos una reacción muy diferente en contraste con los discursos de Jesús y su ministerio.
¡Es con los gentiles! Cuando leemos el evangelio de Marcos, podemos ver que el reino de dios estĆ” arraigĆ”ndose en las vidas de los que estĆ”n afuera de la religión de los judĆos.
Leemos que en sus vidas los oĆdos pueden escuchar, los ojos estĆ”n abiertos y pueden ver, y sus lenguas estĆ”n destrabadas. Como dice en la escritura (Marcos 7): Con esto, JesĆŗs le abrió los oĆdos al hombre, se le destrabó la lengua y comenzó a hablar normalmente.
Mientras los judĆos y los discĆpulos sufrĆan un tiempo muy difĆcil, los gentiles experimentaban una vida nueva. Joel Marcus, un profesor, dice que en cada capitulo de San Marcos es donde se puede con mayor claridad, que el reino de dios tiene mayor fuerza en las vidas de los que estĆ”n afuera de la comunidad de los judĆos.
[4]Y en el Ćŗltimo capĆtulo, el 15 de San Marcos, es el centurión, no los discĆpulos, el que dice las palabras de fe: Y el centurión, que estaba frente a JesĆŗs, al oĆr el grito y ver cómo murió, dijo: “¡Verdaderamente este hombre era el Hijo de Dios!”
Yo creo que las escrituras, y el evangelio de San Marcos en particular, tienen un mensaje muy claro para la iglesia, para las estructuras de la iglesia, y este mensaje es que Dios, va a extender su mano y va a abrazar a su pueblo, su gente.
Y la escritura es clara, que Dios va a hacer este trabajo con su EspĆritu en Cristo JesĆŗs, y estamos invitados a ser compaƱeros con Dios en la construcción de su Reino.
Dios va a hacer su Reino, con o sin la iglesia. Y ademĆ”s, creo que muchas veces esto ocurre… a pesar de la iglesia.
El Reto de Dios para las Iglesias Anglicanas
El Reto de Dios que propone Dios a las iglesias anglicanas es que necesitamos usar las partes, los beneficios, lo mÔs bueno de nuestra historia, nuestra tradición, y liturgia para el futuro Reino de Dios.
La realidad, es que Dios nos ha dado un regalo, la oportunidad a hacer la misión del evangelio con una visión que todos que podemos hacer. Y yo creo que es tiempo para aceptar el reto.
Necesitamos tener iglesias que sean multiculturales, con personas diversas de etnias diferentes, representado a la comunidad, trabajando juntos y construyendo el reino de Dios. TambiĆ©n necesitamos tener iglesias, en las que la mayorĆa sean latinos, o chinos, o africanos.
Y que los dos tipos de iglesia trabajen juntos.
De esa manera la iglesia puede responder fielmente al presente. Es la manera que la iglesia puede ser diversa y Ʃtnica dentro un cultura variada
El ministerio de la iglesia necesita ser un lugar donde las ideas teológicas, lo mejor del anglicanismo, puedan crecer y construir con Dios, Su reino.
Hay Tropiezos y Peligros.
Hay tropiezos en el camino hacia la resolución de nuestro reto. También hay peligros en ese camino.
Aquà son los mÔs importantes.
Sin la habilidad para superar estas dificultades especĆficas, no tendremos Ć©xito.
Parte del trabajo es por consecuencia, identificar las piedras con las que tropezaremos, y de esa manera, cuando las enfrentemos, lo sabremos de antemano, las identificaremos, y les responderemos con honradez.
La primera piedra en el camino, son las diferencias culturales entre las iglesias anglosajonas y las latinas, y las iglesias de los latinos, que se autos-segregan por clase y nacionalidad.
Es difĆcil evitar, que los rumores, las ideas falsas acerca de nuestras culturas y costumbres, o las plĆ”ticas polĆtica creen cajas alrededor de lo que hacemos y cómo nos relacionamos, los unos con los otros.
En el proceso de enfrentar a nuestras diferencias culturales, debemos aprender la cultura de cada uno de los otros. Esto requerirĆ” intencionalidad.
No podemos continuar empleando a clƩrigos en congregaciones parroquiales, que no gozan y aman la cultura del latino.
No es suficiente aprender espaƱol. Podemos hablar espaƱol y aĆŗn asĆ, inadvertidamente, podemos continuar practicando una misión colonial.
Verdaderamente debemos estar interesados en la cultura, y debemos disfrutar del descubrimiento de los matices y las tensiones que hacen diferente y Ćŗnicos a los paĆses de LatinoamĆ©rica.
Tal franqueza y tal aprecio verdadero, conducirÔn a una interacción muy auténtica con lo que fue creado por Dios y por él llamado bueno.
La segunda piedra con que tropezaremos en el camino, es que hay falta de confianza o falta de fe, en cada uno de nosotros. Esto estĆ” arraigado del lado anglosajón, por las preocupaciones acerca de la inmigración y los nĆŗmeros de las culturas y las razas. Por el lado del latino, por el poder de la oficina del obispo que en el pasado, ha cerrado congregaciones, y ha extraĆdo recursos de esas congregaciones parroquiales, succionĆ”ndolos sin consultarle a la gente. Enmendar nuestro comportamiento es la Ćŗnica manera para restaurar la confianza.
La tercera piedra, es la actitud. No podemos unirnos para afrontar la responsabilidad de responder al reto de Dios en el ministerio, no podemos hacerlo, porque tenemos miedo. No podemos hacerlo solo porque, es lo que debemos hacer. Tenemos que estar unidos para responsabilizarnos por enfrentar el reto de Dios, porque asà lo creemos; reconociendo el poder mayor de su gracia, que somos invitados a participar en la edificación del reino de Dios. Debemos hacerlo para glorificar a Dios, al único Dios.
Tenemos que creer en lo que vendemos. Hemos de creer que hay esperanza. Necesitamos creer que no estamos perdidos y siempre hay una resurrección. TodavĆa nos falta creer que Dios proveerĆ”, lo cual me conduce al siguiente tema.
El cuarto obstĆ”culo es la falta de una red de recursos. La iglesia se vuelve cada vez mĆ”s dividida y el hecho la desata el poder de relaciones, las conexiones, y el dinero. Vamos a tener que llevar adelante la ardua tarea de conocer a la gente dentro de nuestras comunidades y trabajar en las relaciones, para el beneficio de toda la comunidad. La persona que no es de la iglesia es el mejor recurso, o aĆŗn mĆ”s, el Ćŗnico recurso. Las personas que llegan a nosotros estĆ”n esperando que nosotros conozcamos a las personas que debemos conocer, que sepamos como hacer las cosas y que sepamos adonde enviarlos en su viaje. No solamente es necesario que hagamos mejores las vidas de las personas en particular. Tenemos que hacer una diferencia en el mundo que estĆ” a nuestro derredor. Y, asĆ como centramos interiormente la atención en el trabajo dentro de nuestras congregaciones parroquiales, lo mismo dejar saber la dirección del trabajo que Dios estĆ” haciendo en el exterior. Dios ya maneja las redes. Dios ya maneja relaciones. Mi Dios, a travĆ©s de su EspĆritu Santo, se abre paso. Tenemos que salir al camino, y caminar con JesĆŗs en el mundo exterior.
No sabemos como la gente lucha contra las maldades reales. Porque estamos muy desconectados de las comunidades a nuestro alrededor, de la realidad Ć©tnica diversa que estĆ” tomando forma. No tenemos ni idea acerca de cuales son las necesidades de la comunidad. No podemos hacernos responsables por cada necesidad, ni lo deberĆamos hacer. Sin embargo, podemos hacer una diferencia. Hay algo que podemos hacer. Hay algo en los problemas comunitarios donde podemos hacer una diferencia. Dos necesidades, dos derechos, hoy en dĆa, son las grandes preocupaciones para nuestras comunidades latinas. El primero es sueldo bĆ”sico, y la seguridad de que los que emplean a trabajadores inmigrantes o a los jornaleros paguen lo que le prometen. El segundo es, la asistencia mĆ©dica para la salud. Nosotros hemos conseguido ocuparnos de los temas de asistencia mĆ©dica de este paĆs. Hemos conseguido comenzar a escuchar al pueblo de Dios. Ustedes y yo debemos hacer el trabajo que se debe hacer, para descubrir las necesidades reales del pueblo de Dios, y expresarlas al mundo. Y de esa manera, no podemos tener miedo al expresarnos pĆŗblicamente y hacer una diferencia.
El Ćŗltimo obstĆ”culo, es la comunicación. No nos comunicamos bien como una iglesia. No nos comunicamos bien dentro de la comunidad del anglosajón, asĆ es que no es ninguna sorpresa, que tampoco nos comuniquemos bien dentro de la comunidad Latina. ComunĆquense, comunĆquense, comunĆquense. Tenemos que hablarnos el uno al otro. Tenemos que escuchar primero, pero tambiĆ©n tenemos que comunicar. Esto es difĆcil, debido a los desafĆos entre las comunidades, en que una lucha por establecerse y la otra esta todavĆa en transición, y una comunidad cuyas partes integrantes son inmigrantes ilegales. No obstante, la visión de la Sagrada Escritura predica el Evangelio para todo el mundo. Nosotros, hemos logrado comprender el tremendo reto que esto nos plantea.
Como dije mÔs arriba, hay algunos peligros reales que tratarÔn de detener nuestro camino por el ministerio. Si no somos precavidos, hacia los comportamientos y nuestras propias tendencias pecaminosas, guardaremos la porción del reino que nos toca construir.
Nosotros, los anglosajones, no podemos creer que el ministerio multicultural enmiende el pasado y solucione todos nuestros problemas. No podemos creer que la maldad sutil cree un crisol de culturas donde tenemos previsto mantener el poder. Nosotros en nuestra iglesia, no podemos continuar las costumbres de nuestros antepasados, no podemos mantener la mayorĆa de liderazgo, y no podemos ignorar la diversidad que crece en nuestras ciudades. No podemos escondernos de las necesidades reales de ministerio que existen en nuestro paĆs, esos que se nos han dado como desafĆos por parte de Dios, al continuar requiriendo simplemente la integración en nuestras iglesias.
El ministerio multicultural es sólo una forma de responder a las complejidades del desafĆo que Dios tiene para nosotros. El multiculturalismo no es una solución para nuestros problemas.
Sólo el poder real compartido, cambios reales en el liderazgo, los cambios reales en la actitud y una conquista de nuestras piedras en el camino, harĆ”n una diferencia. A las herramientas multiculturales les gusta que la ayuda del caleidoscopio cumpla los requisitos mĆnimos del reino de Dios. Debemos buscar participación fuertemente saludable y vibrante para todas nuestras culturas. La mayor entre Ć©stas, son nuestros hermanos y hermanas del mundo latino.
Otro peligro real, es creer que la manera en que hemos hecho misión y en las congregaciones donde ha surtido el efecto, es lo mejor para futuro indicado por la realidad cultural cambiante a nuestro derredor. Hemos tenido algunos errores fundamentales, lo cuĆ”l, honestamente debemos reconocer. Algunos de esos errores tuvieron el efecto de hacer congregaciones. Un ejemplo, es el de las parroquias Indias de la Nación India. Ahora tenemos una iglesia muy identificada con las indĆgenas que es autosuficiente y próspera en el Ć”rea de Houston. Sin embargo, no es de nuestra iglesia. Debemos buscar las mejores prĆ”cticas entre nosotros y sintetizarlas para hacer lo mejor en nuestras misiones y congregaciones. Todos nosotros, debemos estar dispuestos a hacer las cosas de una mejor manera. La excelencia y la belleza glorifican a Dios, y estos rasgos deben ser los rasgos de nuestro ministerio a travĆ©s de cada etnia. Debemos hacer lo mejor que se pueda, utilizando lo mejor del pasado, adaptĆ”ndolo para el campo actual de misión y yendo siempre hacia adelante.
Otro peligro, es creer que estamos dispuestos a hacer esto hoy, sin dejar la carga de los pecados pasados. Como anglosajones, debemos encontrar la manera de confesar nuestros pecados de racismo que por siempre han sujetado con grilletes el Reino de Dios, y han sido una piedra de molino, alrededor del nuestros cuellos. Vamos a tener que confesar nuestros pecados en contra de nuestras hermanas y hermanos afroamericanos, sujetados a la esclavitud.
Del mismo modo, tambiĆ©n debemos estar dispuestos a disculparnos, a confesarnos, y buscar arrepentimiento para la forma en que tratamos a los pueblos de los indĆgenas del Suroeste, a los latinoamericanos que se han convertido en la columna vertebral de nuestra vida agrĆcola, como trabajadores migratorios, esclavos, jornaleros, y sin mencionar la tierra que le hemos quitado poco a poco.
Sin embargo discutiblemente los terrenos y otras formas de explotación fueron dados por acuerdos entre dos poderes colonizadores. No obstante, debemos darnos cuenta de que los pecados del pasado han hecho posibles muchas vidas y muchas personas ricas.
El Ćŗltimo peligro que nos acecha, es el peligro de la autodeterminación. Ćste fue un regalo brindado en las garantĆas constitucionales de nuestro paĆs. El regalo del acceso a la autodeterminación y el completar los derechos garantizados por la constitución fue una consigna de 1960. Nuestras estructuras y nuestros lĆderes del pasado usaron la autodeterminación para decir que no tenemos que molestarnos por las gentes diferentes. En gran parte esta falta de asociación, esta falta de relación, llevó a la destrucción casi completa de la presencia afroamericana dentro de la Iglesia Episcopal. Las personas hoy dirĆ”n que nunca hicimos un buen camino con los Americanos de descendencia africana en la Iglesia Episcopal. Eso no es cierto. Sin embargo, con el paso del tiempo, una mayorĆa de los africanos americanos se ha convertido en un nĆŗmero del todo pequeƱo.
Hacemos lo mismo con nuestras congregaciones latinas de hoy en dĆa. Debemos darnos cuenta de la importancia de nuestra asociación. Simplemente no podemos usar la idea y el lenguaje de la autodeterminación y no podemos ayudar a nuestras congregaciones a tomar medidas futuras. Nosotros, los que poseemos el poder, debemos compartir nuestro poder, nuestra autoridad y nuestros presupuestos, para asociarnos con Dios y con las muchas personas a las que Ć©l convoca, para ayudar a fortalecer el mismo Reino de Dios.
Debemos construir el Reino de Dios juntos.
Sabemos lo que es preciso hacer. Sabemos que escuchar con cautela es un prÔctica que debe ser emprendida. Sabemos las actitudes necesarias. Sabemos cual es el nivel de comunicación requerida.
Debemos compartir nuestro poder y debemos involucrarnos en relaciones autĆ©nticas los unos con los otros. Debemos enfocarnos en un esfuerzo comĆŗn en el trabajo que tenemos por delante de nosotros. No podemos dejar a ninguna piedra para tropezarnos, en el medio de nuestro camino. No podemos dejar que ningĆŗn peligro perturbe nuestra atención. Con oĆdos y ojos abiertos, con lenguas destrabadas, debemos construir el reino de dios juntos.
Utilizar las partes culminantes del anglicanismo. Usar lo mejor de nuestra historia. Depender de una misión que es ya global, y en cada contexto entender que es un recurso enorme. En el ministerio debemos buscar las nuevas asociaciones y debemos emprender el trabajo que tenemos por delante.
Tenemos una misión. Debemos ser una iglesia de muchas etnias, culturas y razas. Debemos dejar que la diversidad de nuestro culto, nuestro testimonio, y nuestro ministerio reflejen la gloria de Dios en cada contexto misionero.
Nuestra iglesia debe ser un lugar donde las personas de cada etnia respeten la dignidad, y la oportunidad que el otro representa.
Debemos hacer una diferencia en este mundo.
Nuestras metas
Para llevar a cabo esta visión, creo que tenemos que comenzar a colocar metas en varias Ôreas.
Ahora tenemos algunas metas propuestas por nuestra iglesia nacional - localmente esas metas se arraigan en el siguiente trabajo.
Debemos tener una evangelización efectiva. Debemos entender que en cada contexto Ć©tnico debemos preguntarnos: ¿cuĆ”les son las mejores formas que las personas deben encontrar en nuestra comunidad una vez que pasan a travĆ©s de la puerta?
Y ademas, les debemos ayudar a crear una puerta de entrada, aumentando nuestra presencia en la comunidad. Tendremos que comenzar a edificar iglesias dondequiera que las personas de Dios estƩn. Tendremos que tener en claro como vamos a hacer esto y estar dispuestos a abrir diferentes tipos de iglesias.
Debemos construir un sistema encarnacional donde los valores y prĆ”cticas mejores probados entre los pueblos encarnarĆ”n y trasmitirĆ”n el evangelio. No serĆ” suficiente una red electrónica – se necesita una red encarnacional. Podemos hacerlo electrónicamente pero el trabajo real estĆ” haciĆ©ndose con personas reales, cariƱosas y hospitalarias. Debemos estar presentes en nuestra comunidad haciendo una diferencia real en las vidas de las personas.
Debemos mejorar nuestras Comunicaciones. Debemos comunicarnos a lo largo y a lo ancho de nuestro campo de misión, en muchas lenguas, a travĆ©s de muchas redes de medios de comunicación. Debemos usar las publicaciones locales barriales que estĆ”n en el lenguaje propio de la gente que allĆ vive. Debemos darnos cuenta de la tarea de comunicar en todas las lenguas, el Evangelio de Cristo. No podemos reprimirnos de este esfuerzo o no podemos caer en la creencia que la habilidad de la iglesia para hablar una y a veces solo dos lenguas, es suficiente. Debemos hacer de cuentas, que el trabajo es el de los misioneros enviados a estas comunidades realmente diversas, teniendo un mayor alcance y sirviendo, comunicĆ”ndose y estando conectado, esto serĆ” esencial si aceptamos el desafĆo que Dios nos ha dado.
Finalmente, nuestra tercera meta es reunificar el cuerpo de Cristo. Debemos ocuparnos del trabajo de asociar las diócesis y los ministerios el uno con el otro. Intencionalmente debemos permitir pues, la colaboración esmerada, local de la diócesis. No podemos controlar de manera demasiado apretada al EspĆritu Santo con nuestras propias necesidades y asĆ garantizar que nuestro poder es protegido. Debemos ser como JesĆŗs, que viajaba de lugar en lugar para mezclarse y conectarse con las personas de las muchas tribus del pueblo de Israel. Y que ademĆ”s, envió al EspĆritu Santo para continuar asociando a las comunidades dispares. Pablo, se pondrĆa al dĆa muy bien con ese trabajo, convirtiĆ©ndose en un misionero ambulante, conectando cada lugar a travĆ©s de toda Asia en un solo cuerpo. No un cuerpo que se separó y se dividió en muchas partes. Sino mĆ”s bien, un cuerpo, un Cristo, un SeƱor, cuyo trabajo fue impartido en todo el mundo a travĆ©s de las muchas obras de sus discĆpulos.
Conclusión
Quiero concluir con dos Ćŗltimos comentarios. El primero se trata de JesĆŗs.
JesĆŗs es, como celebramos cada Navidad, Emmanuel, Dios con nosotros. La opción de Dios para la humanidad. Ćl estĆ” con nosotros, a lo largo y ancho de nosotros, y, mĆ”s que eso, es uno de nosotros – hasta cierto punto y probablemente, nunca entenderemos completamente este lado del cielo.
Entonces, no importa lo que enfrentemos, Dios estÔ con nosotros. Dios estÔ en el centro de todo esto o de esta situación, entre estas y las otras personas, y desea que encuentren vida abundante en él.
Ni estamos nosotros solos, como cristianos, en nuestra vocación para hacer una realidad al cuerpo de Cristo, en todas las situaciones y entre todas las personas: JesĆŗs estĆ” con nosotros, mientras tratamos de encontrar a otros en sus necesidades; y al establecer contacto con ellos, tambiĆ©n deberĆamos esperar encontrarle a Ćl, a JesĆŗs, ya presente allĆ.
Jesús es el puente entre cielo y tierra, entre ideales eternos y las limitaciones de la realidad prÔctica. Porque él es, de forma extraña aún, en cierta forma y simultÔneamente, ambas cosas, completamente divino y completamente humano.
Por consiguiente, en Jesús nos damos cuenta de que Dios se dispuso a comprometerse con la situación, por decirlo de alguna manera, remangÔndose la camisa junto con nosotros, y en condición de ensuciarse las manos.
Esto me da confianza, cuƔndo estoy enfrentado con la complejidad y lo desordenado de la vida.
Y toda esta apertura, crea mĆ”s preguntas y mĆ”s desafĆos.
Solamente, en Cristo, en este Cristo encarnado, puedo arriesgarme a ensuciarme las manos también, y no puedo sentirme obligado a salir para buscar a algún perfeccionista de la imposibilidad, a un purista, a un curso de acción que sea, como algunos lo han descrito, tan celestial que ha quedado en desuso.
De este modo, Jesús, presente, encarnado, es, sobre todo, el punto de partida de mi compromiso con las realidades de la vida en mi diócesis y, yo creo, en la iglesia.
[5]La segunda idea que deseo compartir con ustedes en el dĆa de hoy es Ć©sta. No podemos volvernos asĆ en amor, tan enamorados, con la idea del multiculturalismo, o cualquier identidad Ć©tnica particular, que desatamos el trabajo real.
Los anglicanos tenemos una gran capacidad para ser atrapados por la teologĆa y el hablar, que las palabras y no las acciones se vuelven sagradas. Tendemos a olvidar que Dios se volvió encarnado para ayudarnos, directamente, en una relación real, hacer el trabajo de restaurar la creación y glorificar a Dios.
Como mi amigo, Pat Gahan hace muy poco tiempo escribió: los cristianos adultos tienen por entendido que debemos amar, sin cualquier cambio. Las comunidades cristianas adultas deben amar hacia afuera de ellas mismas, llevando ese amor a personas reales fuera de la comunidad misma, en la vida real. Debemos hacer presente al cuerpo de Cristo en el mundo.
Thomas Merton, el monje católico, una vez dijo que los seres humanos prefieren a la idea del amor, en vez de la realidad de amar, a sus hermanos y hermanas. No podemos amar tanto a la idea del multiculturalismo, que por ello no actuemos y no nos unamos a Dios en la tarea de edificar su reino.
El desafĆo o el reto del anglicanismo, es nada mĆ”s y nada menos, que el reto de Dios para construir su Reino.
Dios derribarĆ” cada obstĆ”culo, y pasaremos a travĆ©s de cada puerta que encontremos cerrada. Ćl no estarĆ” detenido por la mayorĆa de seguidores fieles. Dios tiene la intención de construir el reino de Dios.
Debemos estar abiertos. No mƔs ceguera, no mƔs sordera, nuestros diferentes idiomas deben encontrar soluciones, no podemos paralizarnos, debemos unirnos a Dios en este esfuerzo.
Debemos ayudar a Dios, a construir el Reino.
[1] Glossary for Footnotes: BK Bruce Kay, “Whose Colonialism? Whose Empire?” JD Joseph F. Duggan, “The Postcolonial Paradox: Becoming less than whole(s) producing parts that exclude other parts.” TM Thabo Makgoba, “Politics and the Church: Acting Incarnationally.”
[2] BK
[3] JD
[4] Joel Marcus, Anchor Bible Commentary on Mark.
[5] TM